sábado 04 julio 2009

La zona supuesta del Reino del Granpaititi en Suramérica.
(Foto : Courtesy, Spot Image)
La vela se levanta poco a poco sobre los misterios de Paititi, una de las historias más fascinantes de la mitología inca. Una ciudad inmensa que, según la leyenda, se encontraría ocultada en el océano verde de la selva amazónica peruana. El inicio de la leyenda se sitúa poco después la muerte de Atahuallpa, el Inka reinando a la llegada de los Españoles. Capturado por Pizarro, había propuesto, a cambio de su libertad, un tesoro fabuloso. Codicioso, Pizarro había aceptado. El rescate del emperador comenzó entonces a fluir a Cajamarca, en el campo español, de todas las provincias del Tahuantinsuyu. ¡ Verdaderas montañas de oro ! Se dice que al mismo tiempo una parte de la nobleza inca, pidiendo prestada un corridor de ciudades secretas, habría buscado refugio en la selva, en la zona amazónica del Perú. Es a este respecto que se pronuncia la palabra de Paititi.
La zona del rio Alto Madre de Dios, teatro de las primeras expediciones de Thierry Jamin. (Foto : CNES, Distribution Spot Image, 1999)
¿ Se trataba de la cara ocultada del Imperio del Sol, de un feudo secreto de los Incas ? Nadie lo sabe. Ya que nadie ha encontrado esta misteriosa Ciudad Perdida. Esta ciudad habría servido de refugio a los últimos Incas de la dinastía, después de la invasión española. Y es también allí que se habrían ocultado en urgencia todos los tesoros del Imperio. ¡ Toneladas de oro y fantásticos objetos preciosos ! La tradición habla de veinte miles llamas encargados de oro, conducidos hacia la selva por el Coya, la esposa del Inka.
Las "pirámides" de Paratoari, vistas por SPOT IV en mayo de 1998 - © CNES, Spot Image
Varias crónicas describen, en particular, una maravillosa "cadena de oro", que el Inca Huayna Capac había hecho realizar para conmemorar el nacimiento de Huascar, el heredero legítimo de los Incas, que Atahuallpa, su hermanastro, hizo asesinar. Esta yahuirka, la que longitud era al menos de dos cientos metros, había dicho, de los eslabones tan grandes que la pulgada de un hombre. Garcilaso del Vega, un mestizo que pasó su juventud a Cusco, afirma que su peso era tal que dos cientos Indios llegaban a dolor a levantarlo. Se cubría de placas de oro articuladas que, simulando las escamas de la piel de una serpiente, centellaban al sol. Los conquistadors intentaron vanamente de apoderarse. Pero la leyenda afirma que la inestimable cadena de oro fue traída secretamente, por los propios Indios, hasta el reino de Paititi. Desde, sus descendientes soñan con el fabuloso reptil, y algunos dicen que, venida la noche, un serpiente de oro remonta a veces el curso de algunos rios perdidos del Amazonas...