En busca de San Jose de Paititi

San Jose de Paititi
Localización general de San Jose de Paititi en Bolivia

Con un grupo de personas hemos realizado en los años 2000 y 2001 dos expediciones a sectores inexplorados y/o poco explorados del Parque Nacional Madidi, un área protegida de Bolivia, colindante con la Tambopata-Candamo del Perú, que tiene casi 20.000 kilómetros cuadrados.

Ahora, estamos buscando partir en septiembre a una tercera versión hacia la cuenca del río Mosojhuaico, una región inexplorada desde el siglo XIX cuando la frecuentaban los cascarilleros o rescatadores de quina. Esta vez, vamos con botánicos y zoólogos del Museo Nacional de Historia Natural de Bolivia para realizar un RAP con el objetivo de que los científicos puedan presentar un proyecto para la inventariación de la fauna y la flora. El proyecto lo presentarán al Mueso de Historia Natural de Nueva York.

San José de Paititi
El anuncio de la Expedición Madidi 3 (Septiembre del 2003)

El tema San José de Paititi surgió el año 2000 a través de, primero, un testimonio de un guía turístico y dirigente de una comunidad llamada Vírgen del Rosario y luego a través de una referencia bibliográfica de un historiador de la localidad de Apolo, César Augusto Machicao Gámez, que confirmaron la existencia de unas ruinas localizadas en un sitio denominado San José de Paititi. Apolo es la antigua Apolobamba, zona de cocanis o productores de coca para el Inka, y el sitio está precisamente casi sobre la ruta que desde Apolobamba, vía Pelechuco y Carabaya, llegaba hasta el Cuzco. Esto nos hace suponer que el sitio puede ser importante. Durante la época de la colonia, la zona fue explotada por sus yacimientos de oro. Fawcett pasó por allí pero, sin embargo, no hace ninguna referencia al sitio que aludo llamado, te insisto, San José de Paititi.

El nombre también es importante, desde ya. Para empezar, hay otro sitio llamado Paititi en Bolivia y es un cerro situado cerca de Guanay. El alemán Hans Erlt fue el que redescubrió un importante sitio arqueológico hacia la década de los 50 del siglo pasado. Incluso escribió un libro. Hace unos años, un austríaco con apoyo de la Prefectura (gobernación) de La Paz reingresó a la zona. La Prefectura tiene intenciones de limpiar el sitio pero carece de fondos.

Lo de san José de Paititi va en el mismo sentido: se trata de la posibilidad de redescubrir un sitio que (a ciencia cierta) puede ser incaico o colonial (no lo sabemos) pero que se pinta interesante.  Si hubiese interés en la posibilidad de evaluar un trabajo en conjunto, este debería ser pensada para 2004.

Vuelve la “Expedición Madidi 2003”

Apolobamba, montañas, magos y milagros

Hacia Pelechuco, en el corazón de Apolobamba -una de las regiones más atractivas de toda la región andina y cuna de esa singular cultura como es la Kallawaya-, y con el objetivo, entre otros, de revalorizar su patrimonio histórico y cultural, el próximo 11 de septiembre parte la tercera versión de la Expedición Madidi.

Para arribar a Pelechuco, hay que atravesar el paso -o puerto de montaña como se denominaban en el siglo XIX- del Katantika, el más alto de toda Bolivia (y por ende, uno de los más altos del mundo). Está situado en plena Cordillera de Apolobamba a 5360 metros de altura sobre el nivel del mar, es decir se ubica 1700 metros más arriba de donde se encuentra la Plaza Murillo o 550 metros más alto que la cumbre del Monte Blanco, el pico más elevado de la Unión Europea. Talvez, semejante exigencia explica el aislamiento que experimenta Pelechuco en el presente en relación al resto de Bolivia. Sin embargo, a lo largo de la historia, no fue así. Desde los tiempos de los Incas (e incluso antes) hasta bien entrado el siglo XX, Pelechuco formó parte de un macroterritorio de economías étnicas complementarias y de contactos que llegaban, por un lado, hasta la Amazonía y, por el otro, hasta el Cuzco, demostrando que fue esa modernidad mal comprendida la que desestructuró el espacio regional, dejando a zonas enteras fuera de los mapas oficiales y de las políticas de Estado pero no de las ilusiones de los seres humanos.

Una cita de Thierry Saignes

Mitre, el fundador de la historiografía liberal argentina, dijo de un texto donde el larecajeño y aymara Vicente Pazos Kanki fustigó la idea de establecer una monarquía incaica como solución política para el gobierno de las nuevas repúblicas independientes americanas que, a veces, “un artículo periodístico es más importante que un libro”. Parafraseando, quiero transcribir una nota al pie de página escrita por Thierry Saignes que encierra, en si misma, varias libros. Dice así : “En mi ponencia oral sobre ‘Les chemins du vent : langue, chamanisme et origine des Kallawaya’ (Aix-en- Provence, 5. XII. 1989; bajo prensa como Actas del 3er. coloquio internacional de estudios andinos), me atreví a proponer una etimología al nombre Apolo conferido a la cordillera ubicada entre los ríos Suches y Tuiche (cuya cumbre somital es el Acamani, ‘cabeza-cerro’ en pukina) : el nombre ulo designa los gusanos que comían las ojas (sic) de coca y podemos preguntarnos si ‘Apu-ulo’ no sería el ‘señor de los gusanos’ cuya importancia para esta región dedicada al cultivo de la coca (el Inca instaló a mitmaq chachapoyas con este fin) es vital. Otra tarea de la geografía histórica será proponer etimologías convincentes a los principales topónimos del país.” (1)

Apolobamba, Carabaya : dos nombres para una misma cordillera que caracteriza a una región de la misma matriz cultural separada hoy, tan sólo, por un rosario de hitos que marcan el límite internacional entre Bolivia y Perú. Atravesándola, con precisión, por la orilla de la laguna glacial que forman los deshielos del Katantika donde nace el río Tuiche que alude Saignes, a 5360 metros más cerca del cielo y por un camino ripiado, se arriba a Pelechuco. Allá vamos.

Tunupa, tierra chuncha

Según Teresa Gisbert, Carabaya fue la españolización del término kallawaya, nombre de un señorio preincaico cuya cultura sobrevive hasta el presente y cuyos miembros fueron los intermediarios entre las culturas andinas y las amazónicas. Pobladores del Antisuyu, las tierras calientes de la selva, los kallawayas son renombrados por sus conocimientos sobre herbolaria. Ellos domesticaron la coca y, de sus territorios, los cuzqueños obtuvieron sus primeras plantas sagradas. Médicos itinerantes, sabios curadores de todo, magos dominadores del clima, poetas de la naturaleza, su historia, por esas tierras, se emparenta con uno de los mitos más hermosos de la cultura andina: el de Tunupa, itinerante, sabio, mago y curador como ellos.

La versión me la contó el escritor y ex Alcalde de Sandia, don Juvenal Mercado Villca, una noche de arribada a su pueblo -antigua avanzada incaica en pleno territorio de los chunchos, “salvajes” o adoradores del otorongo o “tigre” (nombre que adoptaron posteriormente muchas guerrillas latinoamericanas)- una noche de copiosa cerveza. Tunupa, según Bertonio, Dios de los Aymaras, arrancó una increíble travesía civilizadora desde las cumbres de Carabaya/Apolobamba donde moraba. Su padre cósmico le ordenó bajar donde los hombres para educarlos. Lo hizo cargando una cruz, como el Nazareno de la cultura judeocristiana, pero tallada en “chonta”, un árbol de madera dura que sólo crece en el monte. Haciendo llover fuego para castigar a los desobedientes, ocultando el sol para atemorizar a los incrédulos, llegó así hasta Carabuco, en la orilla norte del lago Titikaka, donde dejó su cruz y fue arrojado a las aguas por sus malvados pobladores. Empezó un calvario líquido, único en los anales de la mitología. Primero y a la deriva, se le aparecen las mujeres-peces o sirenas con las cuales mantiene relaciones sexuales. Luego, con su cuerpo y su fuerza de cíclope, abre tanto el actual estrecho de Tiquina como el cauce del río Desaguadero ; finalmente, se va desvaneciendo en los arenales del altiplano, hasta que llega al punto de mayor visibilidad de los salares altoandinos : donde está el volcán que lleva su nombre a orillas del Salar de Uyuni.

Una puerta de acceso al Paititi

Pelechuco fue fundada por misioneros de la orden de San Agustín “como doctrina y puerta al país de los chunchos” el 25 de julio de 1560. Su nombre proviene del quechua : phuyu kuchu o “rincón de niebla”. Todos los días, hacia las dos de la tarde, empieza un espectáculo singular : las nubes que suben de la selva invaden el pueblo de piedra, de ahí su nombre. Pelechuco fue la primera fundación española en el territorio de Apolobamba, conocido luego como Caupolicán, topónimo que recuerda al indomable guerrero y cacique de los araucanos que mantuvieron a raya a los europeos por tres siglos.

Los chunchos (que incluían a más de 200 etnias selvícolas) les hicieron sentir el mismo rigor que la frontera del Bío-Bío. Algunas de esas etnias –como la Toromona del río Amarumayu (el rio Madre de Dios), conducida por el mítico cacique Tarano- fueron aliados y protectores de los Incas cuando, ante la invasión española, muchos de ellos huyeron a la selva. Esto originó la leyenda más fascinante y persistente de la América meridional : el Paititi, refugio de los últimos incas y sitio a donde enterraron sus tesoros. Pelechuco se convirtió en una de las vías de ingreso de los militares y aventureros que fueron en su búsqueda. Esta es una de las páginas más heroicas y terribles de la historia de la conquista de América. Nunca lo encontraron pero la leyenda arrecia hasta el presente.

La herencia de Carlos Franck

La época del auge de la explotación del caucho en la Amazonía (finales del siglo XIX, principios del XX) dejó innumerables testimonios en Pelechuco, herencia del gran señor de esas tierras y dueño de la mayor casa comercial de esos tiempos como fue Carlos Franck. En pleno casco urbano, sobrevive la casa principal, un caserón inmenso, recostado sobre el río de la villa y cuyos fondos descansan sobre una roca de dimensiones descomunales. A algunas horas de caminata, trasponiendo el paso de Sánchez (donde la leyenda insiste que se trata de un anciano que escondió un tesoro), en la comunidad de Queara baja y al borde del maravilloso bosque de nubes del subandino, se encuentran los restos de lo que fuera su hacienda.

En ambas, estuvo alojado cuando visitó la zona el coronel británico Percy Harrison Fawcett que -es indudable por lo que reflejan sus Memorias-, de inmediato congenió con el dueño. Franck lo introdujo en los misterios de los Andes. Su hija enferma había sido curada por los Kallawayas de Curva, tras varios intentos de sanarla en Alemania. Franck creía con convicción en el poder y la sapiencia de los médicos brujos y eso entusiasmó al británico. También sus historias de cóndores que arrebataban niños y de los lavaderos de oro que hicieron célebre a la región de Carabaya/Apolobamba hasta hoy.

La foto más famosa de Fawcett –cuyas historias inspiraron “El Mundo Perdido” a Conan Doyle- fue tomada en la casa Franck de Pelechuco y ha dado varias veces la vuelta al mundo ya que Fawcett, fiel al espíritu de búsqueda de lo imposible que se impregnó en la zona, un día se internó en las selvas del Mato Grosso y no regresó jamás.

Una noche recibí un premio inesperado: un descendiente del germano-boliviano llamado Aldo Lino Ortuño desempolvó unos papeles antiguos en un cuarto cuyo frente observa la plaza pelechuqueña. A la luz de una vela, leí su título : Caupolicán. Bosquejo de la situación de la Primera y Segunda Sección de esta provincia y de sus problemas sociales y económicos en contestación a una carta de don Gregorio Games. Está firmado por C. Franck y su pie de imprenta es signo de otros tiempos : Pelechuco, enero 15 de 1914. Cuando no sólo había una imprenta detrás de las montañas de Apolobamba, sino que la cocaína era un producto legal del mercado (como demuestra el escrito), había un puente sobre el río Amantala (que destruyó una riada en los años 70 del siglo pasado y nadie reconstruyó) y el caucho alimentaba otra de las quimeras americanas.

¡ Rumbo a Apolobamba !

El 11 de septiembre se inicia la tercera versión de la Expedición Madidi. Su primer objetivo táctico : llegar a Pelechuco. Desde allí, se buscará documentar todas estas historias y todo este patrimonio que presentamos en este artículo.

José Luis Ríos Cambeses, Lino Jaén Chiri, Alberto Linares, Ricardo Solís y el que suscribe son los nombres de los nuevos expedicionarios. Partiremos con el apoyo de un grupo de personas que siempre han colaborado con este emprendimiento como Felipe Hartmann, Gonzalo Guzmán y Giovanni Violetta, de otras nuevas como el actual Prefecto Mateo Laura y de un grupo de empresas que creen en el departamento de La Paz, en la preservación de su patrimonio arqueológico, arquitectónico y cultural y en la promoción del mismo como parte de sus atractivos turísticos.

Hoy, precisamente el turismo es una de las apuestas fuertes, ya que a través de nuevas miradas sobre el territorio y su gente es posible recuperar para Apolobamba su bien ganado prestigio de ser la puerta de ingreso a un mundo que resiste lleno de magia y misterio, de historias y leyendas tan vivas y, a la vez, tan ausentes en el resto del planeta.

Por Pablo Cingolani

Notes : (1) Thierry Saignes : « Vers une géographie historique de la Bolivie : Les chemins de Pelechuco à la fin du XVIIème siècle », in « Processus historiques de l'Amazonie Continentale », Data, Revue de l'Institut d'Études Andines et Amazoniennes, N° 4, 1993.

Datos geográficos de la "Expedición Madidi 3"

La Expedición Madidi 3 tendrá como gran marco escénico a la Cordillera de Apolobamba que es una continuidad de la gran Cordillera de los Andes que atraviesa Sudamérica desde Colombia a la Tierra del Fuego.

Se denomina Apolobamba al tramo que viene desde la Cordillera de Carabaya en el Perú hasta la quebrada del río Camata donde empieza la llamada Cordillera de Muñecas. Su dirección es N.O.- S.E. Es una cordillera imponente, de 75 kilómetros de longitud y de picos que superan los 5000 metros de altura y nieves eternas.

Sus cumbres principales son:
Chaupi Orkho, 6040 metros, 14°38’S-69°14’O
Palomani, 5920 metros, 14°44’S-69°14’O
Cololo, 5916 metros, 14°55’S-69°06’O

Los ríos de la zona pertenecen todos a la cuenca del río Amazonas, la más extensa del planeta.

Pertenecen a dos subcuencas hidrográficas: la del Beni y la del Madre de Dios. A la del río Beni, pertenecen los ríos Pelechuco, Queara y Puina que juntos conforman el Tuichi que, a su vez, desagua en el río Beni, al sur de la localidad de San Buenaventura. A la subcuenca del Madre de Dios, pertenece el río Mosojhuaico- Lanza que desemboca en el río Tambopata que, a su vez, desemboca en el Madre de Dios a la altura de Puerto Maldonado (Perú).

San José de Païtiti
Fawcett y su grupo, hacia el paso de Katanika, durante la expedición realizada para delimitar la frontera boliviano-peruana, en 1911

Como dato de geografía histórica, es interesante destacar que el coronel británico Percy Harrison Fawcett en su viaje de 1911 como miembro de la Comisión Boliviana de Límites en sus labores de demarcación del límite binacional con el Perú, arribó a las cabeceras del río Tambopata desde la comunidad de Queara.

Anotó en sus Memorias :
“ De Queara trepamos a la fuente del Tambopata, acampando a una altura de 17.000 pies y sufriendo las torturas del frío.

En un paraje en el paso descubrimos que todas las agujas de las brújulas estaban completamente neutralizadas, dentro de un radio de más o menos media milla, y esto nos hizo pensar que existía un considerable depósito de hierro”.

¡ Nosotros, por suerte, llevaremos un GPS !

El equipo "Madidi 3" está abierta a todos los apasionados de Paititi -particulares, empresas o instituciones- susceptibles de participar en la organización del proyecto y en su financiación.

Para toda la información complementaria, contactan directamente a Pablo Cingolani: pablocingolani@yahoo.com.ar

Pablo Cingolani

COMUNICADO DE PRENSA

Desde Apolo, capital de la Provincia Franz Tamayo y al borde de la selva amazónica, a donde arribamos como parte de un plan de contingencia ante los hechos que son de conocimiento público y que afectan a todo el Altiplano Norte, damos por concluida la tercera versión de la “Expedición Madidi”, iniciada en La Paz el pasado 11 de septiembre.

Ante todo, y como parte de los amplios objetivos cumplidos, queremos destacar el arribo de la “Expedición Madidi” hasta el Hito 26 Ichocorpa del límite binacional Bolivia-Perú, hecho ocurrido el 24 de septiembre a las 8:15 am. Allí, según consta en el testimonio dejado por nosotros, “hemos llegado para demostrar en el inicio del siglo XXI que las fronteras deben unir a los pueblos y no separarlos”. 

En ese sentido, quisiéramos agradecer la labor y la solidaridad de autoridades, comunarios y pobladores de Pelechuco, Keara, Puina, San Juan de Hilo, Sunchulli, Lagunillas y Apolo (provincias Franz Tamayo y Bautista Saavedra, Departamento de La Paz, República de Bolivia) y de Saqui y Sina (República del Perú), sin cuya contribución y apoyo la Expedición Madidi no hubiera sido posible. También destacar muy especialmente el apoyo de Care-Bolivia para la culminación exitosa del emprendimiento.

Por último, hacer un llamado a todas las autoridades nacionales para impulsar verdaderas políticas de desarrollo regional tanto para la región de Apolobamba como para el territorio Kallawaya.

Hemos llegado a Apolo superando el bloqueo pero enfrentando a la vez la pobreza, el abandono y el olvido en el que viven nuestros compatriotas. Esto debería cambiar. Esa es nuestra convicción y por eso hemos marchado.

¡ Viva la Expedición Madidi ! ¡ Viva La Paz ! ¡ Viva Bolivia !

Apolo, 6 de Octubre de 2003

Diputado José Luis Ríos Cambeses, Brigada Parlamentaria PaceñaFrancisco Novak Vidal, Subprefecto de la provincia Franz Tamayo, Mario Bacarreza, técnico de la Unidad de Pueblos Indígenas y Originarios, Prefectura de La PazPablo Cingolani, Asesor político del Sr. Prefecto de La Paz

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